La soledad

Micronovela de realismo fantástico.

Albert Cardona, 12 de agosto de 2002.

Cae la tarde. Salgo de casa y me dirijo hacia la punta de las rocas. Al dejar las calles atrás, se abre la costa, y el mar. Empieza el camino de tierra sobre el espigón natural. Las olas rompen y esparcen su sonido por el aire, por donde flotan en las más extrañas formas las nubes de agua vaporizada. Su olor lo llena todo. Me veo envuelto por el silencio del mar, en un entorno local de murmullo oscilante, acallada la ciudad tras la cortina. He llegado.

Sentado sobre la tierra, a mi alrededor el mar; sobre mi, el agua caleidoscópica esparce la luz por el aire immediato; estoy en un micromundo, de paredes borrosas. Me recreo en este entorno de sonido contínuo; es la música de la naturaleza. Ahora me concentro en el vaivén del mar, ahora en los chillidos de las gaviotas, ahora en el silbido del aire cuando se riza sobre las rocas espigadas. Todo mi entorno es ahora de una riqueza sensorial inmensa, que sin enmargo, puede sintetizarse en un sensació de totalidad, de plenitud.

"Estás solo." Ah, sí? No me había dado cuenta.