Aleteos de mariposa

Micronovela de ficción.

Albert Cardona, 22 de setiembre de 2002.

Qué haces, María, lápiz sobre papel y manos mojadas; qué haces, mi niña, enciendes tus ojos con una sonrisa y me señalas. Yo. Voy a sentarme junto a ti; peinaré tus tirabuzones que caen naturales, inocentes. No puedes saber aún lo que es la vergüenza a tu edad de 4 años. Eres toda mofletes, sonrisas y ricitos de pelo rojizo; eres mi niña.

Esa es una O muy bonita; desconoces los radios y el número pi y sin embargo estás dotada para dibujar esos círculos que tanto te gustan. Trazos constantes, trazos vibrantes, rayas continuas de lápiz sobre el papel blanco que se cierran en un círculo perfecto. Ese círculo eres tú, aunque no lo sabes todavía; también soy yo, y de ello soy consciente, pues un día fui niño como tú y no sabía ni de libros, ni de miedos, ni de absolutos. Ahora que me eduqué sólo he podido volver a ser el pequeño ser que fui a través tuyo, viendo en ti lo que un día fui -así como tu ves (sin ver) en mi lo que un día serás. Ahora desde la consciencia aprendo sobre lo inconsciente, haciéndome más sabio, más niño; círculos. Me acerco a ti.

Qué quieres saber de esa punta de lápiz, mi niña. Se ha vuelto roma con el uso; así como los pétalos caen cuando la flor dio lo mejor de sí. Sin embargo este lápiz es mágico; le paso el sacapuntas por ti, por tus dedos aún blandos que no sostienen con suficiente fuerza esa maquinita rejuvenecedora de lápices. Ahora sí; ese círculo casi corta el papel en su simplicidad de trazo. Es un círculo perfecto; es blanco sobre negro -y tu mano viva dentro, tu mano sostiene la herramienta.

Me enseñarás qué has dibujado mientras yo no estaba, María; qué maravillas han saltado de tus rizos al papel. Es un caballo de círculos, es un árbol de círculos, es un carrito de círculos; quizás son sólo eso, topos blancos que mi mente educada sobreinterpreta; quién sabe qué has dibujado mi niña, excepto tu misma, pero no puedes decírmelo. Estamos jugando a describir o a inventar, estamos unidos en esa línea autocontenida.

Déjame plegar ese papel y te mostraré una pajarita. Es la tercera dimensión y nació de combinar entre sí las dos primeras. No es maravilloso, te fascina; como si de tus trenzas saliesen pegasos alados, llevados por niñas jinete de pelo rizo. Esa eres tú. Ahora lo comprendes: es magia que yo se hacer, sólo para ti. Es exclusividad lo único que puedo darte; sin embargo es tanto lo que tu me das sin siquiera saber que me lo estás dando. Naciste generosa de vida, y de ideas, y de ansias de aprender.

Guardaremos tus tesoros de infancia en este cajón, que para ti siempre existió y para mi es tan sólo el nuevo armario de cajones de madera. Cuando seas mayor lo recordarás con nostalgia, y quizás lo abras cuando me vengas a ver, en mi vejez, cuando te pongas a ti misma en mi regazo y me mires desde dos direcciones. Aprenderemos a tres. Qué quieres saber, mi niña, que no sepas ya.